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Cuando queremos eliminar un comportamiento inadecuado, tendemos a creer que los castigos son lo más efectivo. La recomendación es éstos que sólo sean aplicables en situaciones de conducta destructiva o agresiva (Por ejemplo: llevárselo de la fiesta si agrede a otro niño).



El problema con este tipo de reprimendas es que su efecto es poco duradero y el castigo deberá ser más fuertes la próxima vez que se presente para que tenga efecto. Además, los castigos suelen deteriorar la relación entre padres e hijos y los niños aprenden de la conducta agresiva para conseguir lo que quieren.


Para eliminar una conducta inadecuada debemos hacer uso del refuerzo negativo, es decir, retirar la atención a dicha conducta, ya que lo que más desean los niños es la atención de sus padres (Ejemplo: ignorar berrinches).



Esta medida debe acompañarse de prestar atención a las conductas positivas que deseamos incrementar (Ejemplo: "¡Estoy sorprendida de la rapidez con que recogiste tus juguetes! ¡Es realmente increíble")


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