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El deporte y la actividad física constituyen una de las grandes actividades que las personas realizan desde tiempo ancestrales, siendo uno de los mayores iconos reconocidos las olimpiadas que datan de más de 700 antes de nuestro calendario actual. En todas las disciplinas o deportes que se incorporan, se observa el común denominador de la búsqueda de la excelencia, mediante el mejoramiento del rendimiento deportivo, el cual se ha desarrollado a niveles extraordinarios a nivel mundial.


Una de las puntas que ha contribuido a este alto rendimiento deportivo es la incorporación y desarrollo de las llamadas habilidades o destrezas mentales. Que desde hace décadas se vienen identificando y resaltando su importancia, pero en muchos casos son “tratadas” o incorporadas de forma simplista, mediante “charlas” o mención dentro de la dinámica del atleta y/o equipo, como sí solo la identificación o conversación fuera garantía de mejora, desarrollo o disminución (en el caso de la ansiedad).


Cada día más personas (cuerpo técnico, atletas, familiares y amigos, periodistas, entre otros) son conocedoras de los aspectos mentales, emocionales y hasta sociales que están presente en el entrenamiento y las competencias. Se observan y se escuchan ejemplos en diferentes medios de comunicación de situaciones o momentos donde el atleta, mediante el uso de los conceptos psicológicos ha logrado resultados inesperados e incluso victorias sorprendentes. En algunos casos, haciendo uso en forma individual, sin un seguimiento sistemático y planificado de un especialista.


La Psicología del Deporte esta llamada a dar forma y coherencia de ese mundo intrapsíquico donde está inmerso el atleta(s) que permita su desarrollo sostenido y acorde a la necesidades individuales o colectivas, mediante la enseñanza (psicoeducación, entrenamiento), planificación y seguimiento organizado y alineado de los programas de entrenamiento. No existen planes o entrenamientos mentales iguales para atletas, ni dentro de la misma disciplina. El especialista necesita realizar un proceso de diagnóstico, detallado, que permita planificar y desarrollar programas que estén alineados a las necesidades técnicas individuales y/o grupales (según sea el caso), que se mantenga dentro de los indicadores de rendimiento generales.


Autor: Psic. Aquiles Pérez Phd.




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